Víctor Manuel Osorio ‘Care Monja’ “el recurso de la risa”

Víctor Osorio definitivamente no es un personaje cotidiano. Y si el nombre parece el de un hombre normal, seguro que al escuchar que también es conocido como ‘Caremonja’, una sonrisa […]
17 de octubre de 2022

Víctor Osorio definitivamente no es un personaje cotidiano. Y si el nombre parece el de un hombre normal, seguro que al escuchar que también es conocido como ‘Caremonja’, una sonrisa se dibuja en la cara y se sabe que se está frente a alguien particular. Y así es. Desparpajado y auténtico, Víctor pasa sus días entre la publicidad y el humor, tratando de hacer de esta combinación poco usual una ecuación a través de la cual las personas puedan entender la fuerza de una idea sin perder la oportunidad de divertirse con ella.

Y es que acudir al humor como recurso es como usar una moneda; es tener dos caras que deben usarse adecuadamente según el momento: decir algo gracioso puede hacer que las personas se rían y con eso romper el hielo, o decir algo agudo puede levantar ampolla, pero de seguro generará recordación. Por eso asegura confiado: “no me sé la clave del éxito, pero sí la del fracaso: darle gusto a todo el mundo, menos a las propias ideas”. 

Cuando ‘Caremonja’ era un estudiante de Publicidad en la Universidad Católica de Manizales, lo que más cargaba en su maletín eran ideas, cientos de ellas para aplicar en los salones de clase y otros miles que quería volver realidad una vez se graduara. Fue por eso que para él nunca hubo una limitante en el programa y vivir con ‘sueldo de estudiante’ se convirtió en una herramienta más para sacarle el jugo a cada día. “A aquellos que dicen pa’qué ideas si no hay plata, les digo: ¡pero por favor!, los presupuestos pueden ser pequeños, al igual que las marcas o las agencias, pero las ideas jamás. Las ideas son las que hacen grandes y famosas a las marcas, a las agencias y al país”, exclama.

Fue así como sus ideas lograron traspasar los muros del programa y llevarlo a donde quería: generar contenidos inolvidables para grandes marcas y para el programa Sábados Felices. 

Pero aunque este publicista pasa sus días entre risas, no quiere decir que se olvide de la responsabilidad que hay en su trabajo y de la importancia de la ética cuando a las personas se les comunican poderosos mensajes: “si todos entendiéramos la responsabilidad que tenemos como publicitarios al poderle cambiar la vida a las personas con ideas útiles, ideas que ayuden a través de la creatividad social a cambiarles la actitud, a generar conciencia del bien colectivo, con campañas de bien social que generen valores y nuevos comportamientos, seguramente viviríamos en un país mejor”, asegura Víctor poniéndole pausa por un momento a esa chispa interna con la que es capaz de generar humor a partir de cualquier situación, pues para él, los valores no se pueden prender y apagar de acuerdo con las circunstancias, sino que deben ser la estructura que lo soporta todo. 

Por eso recuerda con tanto cariño la Universidad, pues allí se encontró con personas que afianzaron los valores del hogar, que formaban con transparencia y vocación y que pasaban a los más jóvenes ese sentimiento de devolver con creces lo aprendido, actitud que atesora y mantiene vigente día a día; cuenta, también, que en el medio en el que él se mueve es muy fácil encontrar personas que pasan por encima de los otros, que maltratan a los demás y que esperan la oportunidad para robar las ideas. 

Y esa pasión la recuerda de alguien en especial, su profesor Juan Carlos González, esa manera de contagiar emociones es para Víctor el sinónimo de ser publicista: hacer vibrar a los demás con las ideas y con la capacidad de comunicarlas, ya sea en un salón de clases, en un programa de televisión, en un comercial o donde la vida lo ponga, sabiendo que el poder de hacerlo bien está en cada uno y no depende de lo que el contexto ofrezca, como dice la popular frase ‘la mente es como un paracaídas, solo funciona si se abre’, explica el mismo Víctor, quien sabe que gran talento es crear una idea con tanta fortaleza, que sea capaz de transformar sin necesidad de que su efectividad radique en la elección del formato. Es decir, encontrar lo más significativo en lo más simple.

‘Caremonja’ asegura que es feliz, porque vive su vida y su trabajo con emoción y se divierte haciéndolo. Y, ¿cómo no ser feliz cuando se vive haciendo felices a los otros? Por lo tanto, su insumo y su recurso es la alegría: con sus compañeros, con sus clientes, con todos quienes se encuentra intenta que la simpleza de una frase inteligente provoque una lluvia de risas que abran puertas y que brinden un momento de autenticidad en un mundo donde parece que todos quieren sobresalir más que los demás.