Mauricio Guerrero “La publicidad, el alimento para el alma”

“Conocía a alguien que estaba en Manizales, cogí un bus desde Cali y me fui para allá, conocí la Universidad, conocí la ciudad un poco y ahí dije: yo quiero […]
17 de octubre de 2022

“Conocía a alguien que estaba en Manizales, cogí un bus desde Cali y me fui para allá, conocí la Universidad, conocí la ciudad un poco y ahí dije: yo quiero estar aquí”, cuenta Mauricio Guerrero cuando se le pregunta cómo llegó al programa de Publicidad de la Universidad Católica de Manizales. Y lo cuenta como si se sacara algo de adentro, aunque han pasado muchos años, porque necesita decirlo, necesita que todos sepan que esa decisión cambió su vida después de que estaba perdido en un programa de ingeniería industrial donde no hizo ningún amigo y nunca le fue bien, aunque se mataba estudiando para no decepcionar a sus papás. Y por eso sus fuerzas le dieron para hacer solo dos semestres hasta que el tema de la creatividad lo superó y fue más fuerte que él.

“Cuando había espacios y momentos para escribir, para ya empezar a meterse en ese mundo de las ideas, creo que ahí fue cuando dije: definitivamente esto me hace feliz, esto me motiva y había una razón para ir todos los días que era lo que no me pasaba antes. Era un tema más de no estudiar por estudiar, porque yo no quería ser uno más, eso sí estaba clarísimo y como lo disfrutaba, lo sentía y me gustaba, creo que se juntaron muchas cosas para que empezara a resultar bien”, recuerda Mauricio, ahora un poco más sosegado, pues ese sentimiento lo siguió por toda la carrera y lo hizo quien es hoy. 

Porque Mauricio, después de su primer intento fallido, quedó con hambre de ser. Un hambre que tenía que satisfacerse rápido pues llevaba con ella mucho tiempo. Y el alimento para la mente y el alma lo encontró en la UCM: “siento que era una Universidad abierta, que dejaba ser a las personas tal cual se sentían y como querían ser. Yo sentí que había gente desde el lado de la Universidad, profesores, gente muy comprometida con formar personas que salieran realmente a hacer cosas relevantes. La institución terminó de reafirmar eso que yo quería y me empezó a dar ciertas píldoras para entender qué quería ser más adelante y para dónde quería irme, pero tiene que ver mucho con qué tantas ganas tengás de hacer las cosas vos”.

Pero ese deseo de comerse el mundo nunca lo ha desviado de su camino, pues es muy consciente de que con su trabajo no va a encontrar ‘la cura para el cáncer’, de que lo que hace es relevante en tanto se trata de trasegar la cultura y comportamiento de las personas, pero que, cuando ese poder se empieza a sentir imprescindible, es cuando se desvirtúa el oficio. “Yo creo que no hay que creérsela tanto, este es un trabajo más como muchos otros que hay, a veces creo que nos creemos más. Hay que ser responsables y entender hasta dónde llegamos, sin mucho menos decir que no hacemos un trabajo importante, pero el punto es no ir hasta ese extremo, porque ahí ya es donde la gente empieza a creer que somos más importantes que los científicos que están descubriendo las medicinas”, explica un poco Mauricio para dar a entender que los pies en la tierra son la clave para poder alzar la mirada y ver a otros colegas que están haciendo grandes cosas.

Se trata de salir de ese círculo diario para rodearse de nuevos aires, de nuevas personas que saben de otras cosas y pueden seguir saciando esa sed y esa hambre de conocer y aportar. “Creo que ese es el secreto, cuando uno cree que sabe y que es mejor que el resto de la gente con la que está, pues se da contra las paredes todo el tiempo. Si tenés gente alrededor muy buena, así tenga 22 o 60 años, se vuelve mágico ese trabajo porque es intangible; esto no es como un banco que hace un balance y no hay forma de que sea otro; las cuentas y los números no tienen opción”, afirma con gran convicción. 

Por eso Mauricio puede definirse como una persona completa y afortunada. Todos los elementos que buscaba para su vida los pudo encontrar y en un mismo lugar, en una pequeña ciudad llamada Manizales, donde por 50 años un programa académico ha hecho que otros jóvenes hambrientos por cambiar el mundo también encuentren su lugar. “Agradezco haber encontrado ese lugar donde pude ser lo que yo quería ser, donde pude sacar toda esa hambre que tenía por hacer cosas, donde me di cuenta por dónde me quería ir, me di cuenta de que podía llegar a hacer grandes cosas. Haber llegado a la Universidad Católica a estudiar Publicidad fue el momento en el que me encontré con todas esas cosas que estaba buscando”.