En mi estudio de Mariología en el Pontificio Instituto de los 7 Santos Fundadores en Roma, tuve la gracia de ser alumna del muy célebre Profesor Padre Gabriel Roschini. Debí realizar una tesina de 15 a 20 páginas y escogí como tema La fiesta de la Presentación de María al Templo. Recibí buena nota. El tema resultó bastante interesante, y los profesores me aconsejaron hacer una amplia investigación y una buena tesis sobre el tema, porque había sido muy poco investigado hasta entonces. Unos años más tarde, cuando, ya en el bello tiempo del Concilio Vaticano II, tuve la oportunidad de cursar nuevos estudios de Ciencias Religiosas y Patrología en una nueva institución Mater Ecclesiae —que tiene una total relación con el Angelicum, la primera, muy buena universidad de los Frailes Predicadores—, debí también escribir una tesis, por lo que fue una ocasión maravillosa que aproveché muy bien para continuar de la mejor manera mis intensas investigaciones y estudio sobre la fiesta de la Presentación de María.
La Priora General, Mére Thérése des Anges, me autorizó para viajar a donde fuera necesario para buscar el oportuno material. En revistas de Oriente muy antiguas, pude encontrar artículos con datos útiles sobre la antigua y fervorosa devoción, y sobre antiguos murales con pinturas; entre ellas, la más antigua que me fue posible obtener fue la de Daphni, del siglo XI. A algunos sitios me pude movilizar, a otros no era posible por la distancia. Pude conseguir homilías de los siglos antiguos y pinturas de diversos lugares, como la del primer templo dedicado a esta advocación en el siglo VI. Toda mi investigación fue, afortunadamente, muy positiva.
Aprendí que, en Occidente, esta fiesta se celebraba solamente en conventos y no en las parroquias. Sin embargo, sucedió que en los tiempos de los papas de Avignon, el embajador de Chipre vino en visita canónica a ver al Papa y le contó que esta fiesta era muy importante en Oriente, celebrada en las iglesias durante varios días. El Papa se interesó y celebró por primera vez la fiesta de la Presentación de María en el templo de los papas, en noviembre de 1372. Todo esto lo pude confirmar años más tarde, en una visita que hice a Avignon.
El Monte Athos, en Grecia, solamente cuenta con iglesias de monjes. En todas está la pintura de la Presentación, pero no permiten el acceso a ninguna persona de sexo femenino; por esto, no pude entrar. La primera pintura en Occidente está, como pude comprobarlo, en Toulouse, y desde entonces en todas las iglesias.
Fui enviada por el profesor calificador de la tesis al Abbé Laurentain, que vivía en París, y obtuve una cita con él con la condición de que mi comunidad lo invitara a una comida. Mis hermanas, muy contentas, fueron sus anfitrionas, y así pude presentarle mi tesis. Miró con gran atención el índice y me dijo: asegúrese de la autenticidad de las homilías que cita del siglo IV porque en él hay muchos pseudos; preséntela de nuevo al Padre Ols y, después de defenderla en el Angelicum de Roma, la publica. Así lo hice. Fue una defensa bastante interesante y, por suerte, estuvieron presentes la Priora General, Hna. Inés Mercedes Mejía, varias hermanas de la comunidad y tres hermanas de mi familia que, precisamente, habían llegado desde Colombia a hacerme visita. Expuse mi trabajo ante los calificadores, presenté material visual, me hicieron algunas preguntas y me calificaron 30, cum laude. Me dieron el consejo de publicarla, con el anexo de algunas fotos. Es eso lo que ahora va a cumplirse por segunda vez: la primera publicación la hizo la Congregación y, esta vez, es la Universidad Católica de Manizales quien lo hace.
Como las copias legítimas que poseo en fotos y en láminas son numerosas, con la tesis solamente saldrán unas pocas. Haré un trabajo más propio para este caso con todas, para conservarlas de modo más práctico para la consulta y admiración.
Cumplo el deseo y consigna de los profesores haciendo esta publicación, con la colaboración de mi Priora Provincial, Hna. María Elizabeth Caicedo Caicedo, y de la Universidad Católica de la ciudad de Manizales, donde ella fue rectora. La Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y Teología es el nicho académico que acoge mi trabajo, el que se teje con la Maestría en Humanidades y Teología, programa que da cuenta de la identidad confesional de la única universidad que la Congregación tiene en el mundo.
Mi joven sobrino, doctor en matemáticas José Gabriel Acevedo Habeych, hijo de mi sobrino Carlos Gabriel Acevedo Álvarez —quien fue un magnífico ingeniero electricista de Santander y falleció muy joven— y de Clara Habeych, ya hizo el buen trabajo de escanearla, y le agradezco su colaboración. Deseo que todos aquellos en el futuro próximo que puedan leer este libro amen más y más a la Virgen Niña, María, que fue presentada en el templo cuando solamente tenía tres años.
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Beatriz Álvarez Gómez
Hermana de la Caridad, Dominica de la Presentación de la Santísima Virgen.

