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Tengo vocación para la enfermería

Luego de 22 horas de viaje, Angie llega a la UCM para empezar sus estudios en Enfermería, una profesión para la que no todos estamos hechos, pero que llena de orgullo a quienes la ejercen con vocación.

Publicado el 25 de abril de 2017
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Angie Paola Oviedo Rendón

17 años
Procedencia: Cartagena del Chairá, Caquetá
Programa: Enfermería

Tiene 17 años y viene de Cartagena del Chairá, Caquetá, un municipio a cinco horas de Florencia y que, con un poco más de 33 mil habitantes, tiene su sustento en los cultivos de chontaduro, plátano, maíz y yuca; una población que ha sido golpeada por la violencia durante muchos años y que en 1998 fue noticia luego de que las FARC exigieran, para la liberación de 70 soldados, la desmilitarización total de la zona.

22 horas de distancia entre su municipio y Manizales no fueron impedimento para que Angie Paola llegara a la ciudad a iniciar su formación universitaria. Ella sabe que no es fácil vivir tan lejos de su familia, pero con una sonrisa siempre en su rostro está convencida de su proyecto de vida: “siempre me ha llamado la atención ser enfermera; desde niña ha sido mi sueño y siento que tengo la vocación necesaria para hacerlo con amor ”.

Pese a las dificultades de comunicación que hay en su municipio, ella nunca dejó de indagar sobre las instituciones de educación superior que contaban con el programa de enfermería, y de esta manera pudo corroborar que en su municipio no se ofertaba de tipo profesional; razón por la cual decidió venir a Manizales.

Nadie dijo que alcanzar los sueños era fácil, pero Angie Paola es el claro ejemplo de que hay excepciones en la regla. Luego de 22 horas de viaje por carretera, llega a la UCM para empezar sus estudios en Enfermería, una profesión para la que no todos estamos hechos, pero que llena de orgullo a quienes la ejercen con vocación, pues tienen la satisfacción de entregar su tiempo a quienes más lo necesitan.

Desde que salió del colegio, a sus 15 años, empezó a buscar en internet y vio que la Universidad Católica de Manizales estaba bien referenciada, le contó a sus padres y le dieron la aprobación inicial. Luego hizo el proceso de preinscripción, la llamaron para la entrevista y le dieron la opción de realizarla vía Skype, pero en su municipio el internet es muy inestable, por lo que decidió no arriesgarse a perder el cupo, entonces decidió asistir personalmente.

Ahora que está en Manizales afirma que: “estoy feliz, los profesores son muy amables, he tenido muy buena relación con mis compañeros y todos tenemos claro que la buena convivencia es primordial”.

No fue necesario mucho tiempo de conversación para percibir la personalidad de Angie Paola; una mujer alegre y espontánea. Entre risas dice que la alimentación en Manizales es bastante diferente pues, aunque le ha gustado mucho, le hacen falta las costumbres y sabores de su pueblo.

Con unas pocas semanas de estudio ha sentido el cambio del colegio a la universidad; sabe que el grado de responsabilidad que debe adquirir ahora es mucho mayor. En cuanto a su proyectos, primero quisiera graduarse, luego hacer una especialización en pediatría y posteriormente regresar y trabajar en su tierra, consciente de que en Colombia hay un déficit en la salud y su municipio no es la excepción; “quisiera hacer proyectos de intervención social porque de verdad el servicio de salud allí deja mucho que desear”.

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por Juan Pablo Arbeláez Aristizábal. jarbelaez@ucm.edu.co

En la UCM vivimos la cultura de la calidad

La Universidad Católica de Manizales en el contexto de su proceso de autoevaluación institucional con fines de acreditación, hace vida y visibiliza resultados concretos de su apuesta y compromiso con la calidad. Con su campaña de sensibilización y fidelización a lo largo de estos dos años, nos invitó y nos sigue invitando a participar, porque si cada uno de los integrantes de la comunidad universitaria lo hace, entonces unidos avanzamos por el camino…

Publicado el 22 de enero de 2019
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La Universidad Católica de Manizales en el contexto de su proceso de autoevaluación institucional con fines de acreditación, hace vida y visibiliza resultados concretos de su apuesta y compromiso con la calidad. Con su campaña de sensibilización y fidelización a lo largo de estos dos años, nos invitó y nos sigue invitando a participar, porque si cada uno de los integrantes de la comunidad universitaria lo hace, entonces unidos avanzamos por el camino correcto, camino que para nosotros se hace animados por el amor a la institución y por la búsqueda de la excelencia, como bien lo reza el lema de la institución: la UCM “Un proyecto de amor que apunta a la excelencia”.

Para todos los lectores de esta edición de Obelisco, uno de los impresos de la UCM, mi gratitud y agradecimiento de corazón por involucrarse y desde los principios de participación y corresponsabilidad acompañar a la institución en todos estos procesos de calidad, cuyo modelo de autoevaluación nos llevó a recorrer y vivir seis fases, que hoy nos permiten compartir esta información con todos.

Los resultados que hoy visibilizamos son el logro y los retos de todos: estudiantes, graduados, profesores, administrativos, personal de apoyo, directivos, aliados y toda la Congregación que acompaña a esta, su única obra de educación superior en el mundo. A las hermanas vicerrectoras y sus equipos, al equipo de Rectoría y a la Comisión Institucional de Autoevaluación y Acreditación Institucional, mil gracias por su compromiso, responsabilidad y sentido de pertenencia a una institución que sabe de tradición y de respuestas nuevas a las necesidades del contexto, a las necesidades de las personas, aquellas que están en el centro de nuestros procesos académicos y administrativos.

Hoy miramos la UCM a partir de un ejercicio noético que nos permite ver, pensar y decidir; iluminamos su recorrido, su historia que teje su pasado, su presente y su futuro a partir de un ejercicio de verdad y caridad que parte de un corazón contemplativo e inteligente y nos disponemos a actuar desde un ejercicio de compasión que nos compromete con el mundo y sus causas más justas, con el destino común de la humanidad.

Por último, mi agradecimiento con sabor a eternidad, en este presente-presente, al Dios providente de Marie Poussepin que nos acompaña y nos lleva de la mano siempre, que nos mira con amor incondicional y que anima nuestra misión educativa para desarrollarla con pasión, con compromiso, como apuesta por la humana humanidad y todo cuanto vive y respira.

 

Hna. María Elizabeth Caicedo Caicedo O.P. Rectora UCM

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