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Se cultiva para cosechar humanos integrales

“Formar humanos y después profesionales a partir de la docencia”, es la premisa con la que Sandra Campiño busca la construcción de futuras generaciones en el programa de Enfermería. Una labor destacada desde los valores institucionales, pero más desde el reconocimiento estudiantil por su humanidad.

Publicado el 4 de junio de 2019
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“Mi docencia es similar a la de un sembrador, se cultiva para cosechar seres humanos integrales”

Sandra Campiño
Programa: Enfermería
En la UCM desde: 2010

Habla y sonríe mientras da un vistazo a las páginas de vida que ha escrito con el paso de los días. Una mujer extrovertida, alegre, fiel a su fe y apasionada por su profesión: la enfermería. Sandra Campiño se destaca por su labor como docente en el ámbito de las ciencias de la salud en la UCM. 

Toda su vida giró en torno a su atracción por el cuidado de terceros, con una orientación muy dirigida a temas referentes a la salud y preservación de esta. Pudo vivir esta vocación cuando inició sus estudios de enfermería, sin darse cuenta de que su proceso de formación universitaria le abriría las puertas a la labor que la vida le deparaba: la docencia.

Poco antes de terminar sus estudios de pregrado, Sandra recibió una llamada: “Una docente de la Universidad, súper cuchilla, me contactó y me propuso supervisar a unos estudiantes en un área específica, me dijo que yo era capaz de hacerlo. Comencé a darme cuenta de que tenía la capacidad de comunicar el conocimiento a otros”, cuenta Sandra, aún con la misma cara de sorpresa que su rostro expuso en aquel entonces, pero hoy acompañado de una sonrisa que irradia satisfacción.

Su gusto por la academia la llevó a realizar una Especialización en Docencia Universitaria, en la que encontró su polo a tierra, pues la considera un punto de partida en su formación humana: “A lo largo de mi recorrido académico he comprendido que el aprendizaje se da, no solo desde el conocimiento científico, sino través de la vivencia, las experiencias y los momentos compartidos que nos enriquecen no solo como docentes, sino como personas”, revela.

Su labor en la docencia la trajo a la UCM, institución que potenció sus habilidades, pero que además le ofreció herramientas que se constituyen en mediaciones para el cuidado de la persona en su integralidad.

La UCM, desde su Proyecto Educativo Universitario, me ha posibilitado desde la formación humana e integral la capacidad para encontrar en los estudiantes una razón para ser mejor persona cada día.

Además de poder incursionar de forma destacada en la docencia, la Universidad ha sido un lugar de preparación y crecimiento profesional para ella: potenció su manejo de un segundo idioma (inglés), apoyó su movilidad internacional hacia México en 2017, apoyó su participación en eventos de capacitación, e impulsó su presencia como ponente en instituciones externas con el objetivo de propiciar encuentros de saberes con su disciplina.

Sin duda, la vida la tiene en el lugar correcto, con una profesión que le permitió prepararse en un ámbito en el que se educó por vocación y orienta por convicción. Para ella sus estudiantes son “las semillas que florecerán en el futuro”, por ello, su metodología para enseñar tiene sus pilares en el amor, el respeto, la disciplina y el ejemplo.

No lo duda, y con orgullo, Sandra lo destaca: “En la UCM, más que compañeros, somos una familia”.

 

Por: Pablo Andrés Guerrero Gómez.

En la UCM vivimos la cultura de la calidad

La Universidad Católica de Manizales en el contexto de su proceso de autoevaluación institucional con fines de acreditación, hace vida y visibiliza resultados concretos de su apuesta y compromiso con la calidad. Con su campaña de sensibilización y fidelización a lo largo de estos dos años, nos invitó y nos sigue invitando a participar, porque si cada uno de los integrantes de la comunidad universitaria lo hace, entonces unidos avanzamos por el camino…

Publicado el 22 de enero de 2019
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La Universidad Católica de Manizales en el contexto de su proceso de autoevaluación institucional con fines de acreditación, hace vida y visibiliza resultados concretos de su apuesta y compromiso con la calidad. Con su campaña de sensibilización y fidelización a lo largo de estos dos años, nos invitó y nos sigue invitando a participar, porque si cada uno de los integrantes de la comunidad universitaria lo hace, entonces unidos avanzamos por el camino correcto, camino que para nosotros se hace animados por el amor a la institución y por la búsqueda de la excelencia, como bien lo reza el lema de la institución: la UCM “Un proyecto de amor que apunta a la excelencia”.

Para todos los lectores de esta edición de Obelisco, uno de los impresos de la UCM, mi gratitud y agradecimiento de corazón por involucrarse y desde los principios de participación y corresponsabilidad acompañar a la institución en todos estos procesos de calidad, cuyo modelo de autoevaluación nos llevó a recorrer y vivir seis fases, que hoy nos permiten compartir esta información con todos.

Los resultados que hoy visibilizamos son el logro y los retos de todos: estudiantes, graduados, profesores, administrativos, personal de apoyo, directivos, aliados y toda la Congregación que acompaña a esta, su única obra de educación superior en el mundo. A las hermanas vicerrectoras y sus equipos, al equipo de Rectoría y a la Comisión Institucional de Autoevaluación y Acreditación Institucional, mil gracias por su compromiso, responsabilidad y sentido de pertenencia a una institución que sabe de tradición y de respuestas nuevas a las necesidades del contexto, a las necesidades de las personas, aquellas que están en el centro de nuestros procesos académicos y administrativos.

Hoy miramos la UCM a partir de un ejercicio noético que nos permite ver, pensar y decidir; iluminamos su recorrido, su historia que teje su pasado, su presente y su futuro a partir de un ejercicio de verdad y caridad que parte de un corazón contemplativo e inteligente y nos disponemos a actuar desde un ejercicio de compasión que nos compromete con el mundo y sus causas más justas, con el destino común de la humanidad.

Por último, mi agradecimiento con sabor a eternidad, en este presente-presente, al Dios providente de Marie Poussepin que nos acompaña y nos lleva de la mano siempre, que nos mira con amor incondicional y que anima nuestra misión educativa para desarrollarla con pasión, con compromiso, como apuesta por la humana humanidad y todo cuanto vive y respira.

 

Hna. María Elizabeth Caicedo Caicedo O.P. Rectora UCM

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