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En la primera línea de la pandemia

Aprendí a ser más consciente de que el mundo en un abrir y cerrar de ojos puede cambiarte la vida sin darte cuenta; por eso, hay que valorar lo poco que se tiene y disfrutar de la vida.

Publicado el 26 de noviembre de 2020
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Jesús David Castrillón Correa
Enfermería
VIII Semestre

Este año le ha demostrado al mundo que la vida no es lineal, que no siempre pasa lo que queremos y que en un segundo todo puede cambiar su rumbo. Miles de historias en cada centro de salud y pacientes luchando por sobrevivir a un virus sin tratamiento se convirtieron en el diario vivir en los hospitales, pero una certeza se mantuvo vigente este año: los enfermeros, los médicos y el resto del personal de la salud darían todo por mantenerlos con vida.

Entre este grupo de valientes está Jesús David Castrillón Correa, un estudiante de VIII semestre del programa de Enfermería de la UCM, quien realizó su movilidad estudiantil a España, pero a quien las circunstancias lo llevaron a convertirse en enfermero voluntario en el Dispositivo de Emergencia Marqués de Samaranch, de Madrid, en el área COVID-19.

Por su experiencia, Jesús David cree que para ser enfermero se necesita vocación, tener empatía y comunicación con los demás.

Es ir más allá de lo que podemos ver clínicamente en los pacientes, es ser humanos, es ser personas antes que profesionales, con el único fin de velar por el bienestar de los demás.

Jesús David es un soñador y quiere destacarse en su profesión; por esta razón, ha participado en congresos y seminarios, y ha dado charlas sobre su experiencia, pero siempre teniendo claro que lo más importante es poner todo en pro del beneficio de los demás.

Una aventura en España

Este joven de 26 años siempre tuvo claro que quería hacer su movilidad a España. Entre risas recuerda que en los días previos al viaje sentía nervios, estaba expectante y feliz por lo que iba a vivir. “Para mí era un reto porque es uno de los países líderes en investigación y praxis de los procesos de enfermería”. Además, sabía que las nuevas enseñanzas y aprendizajes serían fundamentales para su crecimiento personal y desempeño profesional.

Aunque ya conocía algunas ciudades de España, a su llegada al Viejo Continente se sintió como en casa. “Valladolid me pareció una ciudad fantástica; es un Manizales pequeño, una ciudad universitaria y de gran ambiente, fue genial”. Asimismo, recuerda que las personas lo acogieron muy bien, admiraban su acento paisa y lo molestaban con frases como “qué hubo pues parce”, recuerda entre risas.

Un cambio profundo de su realidad

A los tres meses de estar en Valladolid, el incremento de muertes y contagios por el virus hicieron que le suspendieran su práctica, pero su empatía y su vocación no le permitieron quedarse encerrado, y tomó la decisión de presentarse como voluntario en el Dispositivo de Emergencia Marqués de Samaranch, de Madrid.

A su llegada todo era un caos, le abrumaba demasiado lo que pasaba, sentía temor por él y su familia. Su primer día de trabajo estuvo asustado, recuerda con una risa nerviosa, pero a su vez estaba contento por poder servir al prójimo.

Pensaba en que debía dar lo mejor de mí para todas las personas que estaban allí albergadas.

En toda su experiencia cree que lo mejor fue conocer la parte sensible de las personas en situación de calle, compartir sus historias y sus vivencias, lo bueno y lo malo. Para él fue muy gratificante que sus pacientes pudieran desahogarse y encontrar un buen consejo de su parte. Además, la cercanía, el diálogo y la escucha empática podían rescatarlos y alejarlos por un momento del caos que estaban viviendo.

David sabe que muchas de sus actuaciones y acciones desarrolladas en medio de la pandemia se las debe a su escuela, la UCM. Se siente orgulloso de pertenecer y haber aprendido aquí a ser enfermero, y cree que dejó el nombre de la institución muy alto. La movilidad y su experiencia como voluntario fue fantástica y le dejó muchas reflexiones.

Aprendí a ser más consciente de que el mundo en un abrir y cerrar de ojos puede cambiarte la vida sin darte cuenta; por eso, hay que valorar lo poco que se tiene y disfrutar de la vida.

Gracias, Jesús David, por ser embajador de la UCM y por hacer visible el valor de la persona, la sensibilidad, la solidaridad, el rigor académico y la capacidad de intervención que está a la base del perfil de un estudiante de nuestra Universidad. Contar con estudiantes como Jesús David nos llena de orgullo y satisfacción.

Cristian Camilo Ruden / cruden@ucm.edu.co

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