Comunidad Religiosa

La familia

Los Poussepin constituyen una familia descendiente de tres ramas: Una noble de París, la segunda, son comerciantes de Dourdan y la tercera, agricultores ubicados en la pequeña aldea de Sainville.

Los Poussepin de Dourdan llegaron de París en el año 1556. Claudio Poussepin, descendiente en línea directa de estos nació en Dourdan en 1619, contrajo matrimonio con Jouliana Fourrier el 30 de noviembre de 1651, matrimonio del cual hubo siete hijos.

Constituyeron una familia reconocida por sus sólidos principios: Fe inquebrantable en Dios, amor al trabajo, y rectitud de vida. Poseedores de una considerable fortuna y partícipes activos de la parroquia de San Pedro, donde Juliana desplegó un intenso amor hacia los pobres.

En esta parroquia Claudio y Jouliana desempeñaron cargos importantes. El padre fue mayordomo entre los años 1657 a 1683 y colector de impuestos en 1668. La madre se desempeñó como tesorera de La Cofradía de La Caridad desde 1683 hasta 1675.

Los Poussepin se destacaron en Dourdan por ser comerciantes, tejedores de medias, “actividad muy nombrada en numerosas actas notariales donde Claudio firma como contratante o como testigo”. En 1643 esta industria del tejido de medias llevó a esta población a una época de esplendor y grandeza.

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Aquí, en el seno de esta familia, nació el 14 de Octubre de 1653 Marie Poussepin. Fue bautizada por el sacerdote Etienne Legou, párroco de la Iglesia de san Pedro y amigo de la familia. Después llegaron a este hogar Juliana, Elizabeth, Ana y tres Claudios de los cuales solamente sobrevivieron Marie y Claudio, el menor.

Desde su nacimiento Marie recibe la influencia de una familia que, por su manera de vivir, le sienta las bases de una vida de fe, de trabajo y de compromiso caritativo con quien requiere su presencia. Todo esto constituye el fundamento para una respuesta concreta a Dios con la fundación de su comunidad, obra que realizará a la edad de 43 años.

La vida de María estará caracterizada por el sello del bautismo. Continuamente se la solicita como madrina por parte de vecinos y amigos, aspecto que da muestras de la seria formación moral y espiritual que posee, y que es requerida como exigencia para desempeñar esta función.

Como hija de familia de notables, seguramente estudia en la Escuela de La Instrucción Cristiana, única institución escolar en Dourdan en aquella época. Allí aprendió la ciencia humana: La lectura, la escritura, la aritmética y el trabajo manual y la instrucción religiosa que la fue acercando a todo lo relacionado con Dios. Al lado de las hermanas de la Instrucción Cristiana encontró el espacio para el florecimiento de virtudes que practicó durante toda su vida, como la caridad, la piedad, el servicio, la abnegación, la prudencia, la justicia y el amor al trabajo.

Seguramente combinó sus clases con las obras de caridad que su madre realizaba en la parroquia, en su trabajo con La Cofradía de la Caridad. Este fue un campo abonado para el crecimiento espiritual de Marie Poussepin. En ellas, – las obras de caridad – conoció la miseria, los pobres, los huérfanos que un tiempo después serían el objeto de su obra e indudablemente aprendió el tejido de medias del cual la familia derivaba su sustento.

Todos estos elementos formaron la personalidad de Marie Poussepin como bien lo afirma Cecile Jeglot, escritora diplomada en estudios superiores de Historia y Geografía:
“Existen en el hombre diversos elementos que determinan su personalidad y constituyen determinantes que el creyente llama providenciales: País, época, familia, educación. Otros, dominantes que provienen de la persona misma: Voluntad, inteligencia, carácter, espíritu, que encauzan, coordinan y centralizan los elementos dispersos recibidos, afirman la libertad y dan unidad a la existencia para transformarlo todo en obra nueva”. He aquí a Marie Poussepin, preparada para una obra grande, obra que sólo resulta si la persona misma sabe reconocer en ella los designios de Dios.

Con la muerte de su madre se dedica al cuidado de su padre y a la educación de Claudio, el único hermano sobreviviente, actividad que desempeña con gran sentido de responsabilidad y de seriedad.

Mas tarde, por dificultades del padre, debe ponerse al frente del taller de la familia al que transforma en una industria moderna y fructífera. Aquí Marie Poussepin destaca como mujer emprendedora, innovadora, segura de sí misma, con metas bien claras a nivel industrial, social y formativo.

Conocedora del manejo de la industria la transforma con la importación de máquinas desde Inglaterra para efectuar una mejor producción. Este hecho que coloca a Dourdan como el más importante centro manufacturero, cambiando la materia prima (seda por lana), implementando un nuevo sistema de contratación para los aprendices, sin cobrarles ninguna tasa por su aprendizaje, como se acostumbraba en la época. Muchos jóvenes aprendices se benefician de la caridad inteligente de esta mujer que todo lo prevé y organiza, y que sabe ir más allá de la justicia cristiana revelando su sentido social al velar por los jóvenes contratados y proveer a sus necesidades. A ellos, fuera de la enseñanza, les proporciona habitación, arreglo de ropa, alimentación y todo lo que requieren para su formación sin que ellos tengan que pagar. Aparece así en Maríe Poussepin ese rasgo que la distinguirá siempre: “La Caridad por el trabajo”.

En este sentido el Padre Preteseille, Capellán de la Casa Madre e historiador de la congregación de las hermanas de La Presentación y miembro de comisión histórica de la causa de la Sierva Marie Poussepin expresa:

“Por un encadenamiento providencial, este éxito familiar que era un deber de estado para Marie Poussepin, conduce a otros. La adopción del maquinismo para el taller heredado de su padre provoca la transformación de la industria tradicional de Dourdan. Gracias a los aprendices numerosos que ella formó, la situación económica de la ciudad llegó a ser admirablemente próspera durante un siglo y su agudo sentido social le hizo innovar con mucha anterioridad en su tiempo, una solución de gratuidad para el aprendizaje. Los anales de la santidad pueden saludar en ella un raro modelo de mujer de negocios, plenamente cristiana”.

Después de educar a su hermano y de darle estabilidad económica va cediendo poco a poco sus compromisos laborales en favor de Claudio. Con él firma un contrato de asociación por cuatro años: 1687 – 1691, y lo asiste hasta que el joven asume en su totalidad la dirección del taller.

Ya libre, por algún tiempo se dedica a las obras que se realizan en la Cofradía de la Caridad en la cual había compartido el trabajo con su madre. Se va preparando para asumir el reto de una respuesta libre y consciente a Dios que la llama, respuesta que dará en la humilde Aldea de Sanville.

Rasgos de Marie Poussepin

Oración a Marie Poussepin