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Transmutación curricular en tiempos de crisis

Eduardo Javid Corpas Iguarán. Dirección de Investigaciones y Posgrados analizan dichas transmutaciones.

Publicado el 21 de mayo de 2020
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Por  Eduardo Javid Corpas Iguarán. Dirección de Investigaciones y Posgrados.

El core de las reflexiones sobre la transmutación curricular en tiempos del SARS-Cov-2 puede ser tan diverso como convergente. No obstante, cuatro de estos elementos podrían alimentar la discusión: el dilema ético implícito en las consecuencias de la nueva situación, los ingredientes que afloran en el proceso de enseñanza, las emociones como punto de partida de la comprensión hacia el aprendizaje y los equilibrios de la flexibilidad en el desarrollo curricular. Todos podrían abordarse desde ilimitados enfoques, con diferentes ejemplos y comprensiones diversas, aun así, lo cierto es que hacen parte del nuevo mapa de configuraciones y desafíos del proceso de Aprendizaje.

1. El dilema ético en la formación académica. Un asunto derivado del reto de suministrar la integridad curricular acostumbrada, legítima y que hace parte de la promesa de calidad declarada en la misión institucional. Existe, en la UCM como en la inmensa mayoría de universidades, entre otros aspectos: la voluntad y disposición constante del cuerpo profesoral, el suministro de los requerimientos tecnológicos y plataformas de apoyo, el desarrollo de estrategias de aprendizaje y el acompañamiento de la Institución, que merece un capítulo especial porque no se han escatimado esfuerzos para individualizar e intervenir cada dificultad de los estudiantes. No obstante, los procesos de aprendizaje en el contexto actual plantean un dilema ético desde múltiples situaciones. Un aspecto básico es el acto mismo de la comunicación, donde el esfuerzo del emisor y la sofisticación del canal se pueden diluir en la precariedad del entorno del receptor, requiriéndose la reestructuración de las estrategias de aprendizaje e incorporación de mecanismos de identificación temprana que posibiliten la aprensión del conocimiento y su uso en contexto.

Asimismo, el marco de la práctica profesional, se revisten de una dosis de entorno y realidad, provista de elementos que no se seleccionan, sino que aparecen de imprevisto, como cada circunstancia de la vida, como esta situación que hoy vivimos… luego, la ausencia del estudiante en este contexto, amerita un desafío adicional, que pone a prueba de manera superlativa la creatividad del profesor, y donde la voluntad y compromiso del estudiante deben ser aun mayor que la existente en los procesos presenciales comunes. De manera que las instituciones hoy día se enfrentan al dilema ético, reflejado en múltiples situaciones, de garantizar los aprendizajes propuestos, sin las mismas condiciones y posibilidades, bajo circunstancias que antes no habíamos afrontado y con tiempo limitado para reorientar y revalidar lo presupuestado.

2. Los renovados tradicionales elementos del currículo. Siempre se ha dicho que la educación empieza en casa y muchos de los distintivos del ser humano se disponen, afianzan y reafirman en los hogares, lo extraño es que se forjen, en muchas ocasiones, desarticulados del devenir académico. Considerando que el estudiante ya no asiste a un espacio físico en una Institución de Educación Superior, se plantea un escenario con nuevos matices relacionados no solo con su aprendizaje sino también con aspectos como el desenvolvimiento social en la virtualidad, su actitud y sus comportamientos, pero más allá de ello, se trata de la interacción de estos aspectos con la situación física del estudiante, que ahora se encuentra “en casa”. Consecuente, se plantea la oportunidad de involucrar y establecer diálogo entre los aprendizajes disciplinares, los aspectos transversales como el trabajo en equipo, la exploración de posibilidades para resolución de problemas, el uso de mediaciones y herramientas TIC, y la sincronización de todos estos elementos con los valores y principios promovidos desde la esencia institucional, como desde la cultura del hogar.

Notoriamente, es más fácil suministrar ternura y vigilancia a la juventud que educamos en la condición actual, donde los padres pueden realizar las pausas activas con los chicos, donde una consulta a los padres en tiempo real es más viable, donde un espacio cercano puede favorecer la seguridad, confianza y cercanía, en perspectiva promotora de disposición y apertura al ejercicio académico por parte del estudiante. Además, la autonomía tiene aquí otro tipo de configuración, puesto que el estudiante está confinado y desprovisto de una parte de su autonomía en el plano físico, pero a la vez, más involucrado con las exploraciones independientes que brinda la actividad virtual.

3. Las condiciones emocionales en contexto mutado. Las emociones del ser humano están siempre presentes en cada ámbito vital, y de hecho en la educación presencial y virtual son un componente a considerar. Pero en la actual situación, un estudiante puede experimentar diferentes sensaciones, no por la condición presencial o virtual per se, sino más bien por causa del cambio intempestivo de una realidad curricular resignificada desde una premisa primordial: “no existía otra opción”. Esto significa que el estudiante puede abordar sus procesos de aprendizaje con incredulidad, sin convicción, con incertidumbre, con desprendimiento, impotencia (sobre todo cuando no tiene cierto grado de competencias digitales o los medios, dado que algunos trabajan con irritable modem de 5 gigas y otros con trágico modem de 0 gigas). Por el contrario, y bajo orientación coherente, puede también entender que en esta crisis se pone a prueba la legitimidad de cada proceso de aprendizaje, en la mayoría de las disciplinas e independiente del semestre.

Naturalmente, en cada disciplina y en cada semestre, las estrategias del proceso son tan diferentes como las características de cada estudiante, lo que también constituye una variable a considerar. Pero si el estudiante entiende que esta es una situación problema que intempestivamente nos arropó a todos y que, al mismo tiempo, cada institución posee el carácter y los recursos para mantener la promesa de calidad de su compromiso misional desde su circunstancia individual, aparecerán otros sustantivos.

El estudiante asimilará que todo lo que estamos afrontando es parte de las circunstancias de la vida misma, porque todo es incertidumbre, porque la certeza es meramente utópica. Consecuentemente, su comprensión de la circunstancia como un elemento adicional de sus procesos cognitivos, debe ser parte de la generación de capacidad, habilidad, aptitud, otro tipo de “destreza”…, siendo cada logro en el aprendizaje una gesta de su “actitud”. Probablemente, sea esta una tarea tradicional del currículo, pero desde una perspectiva más protagónica, que tiene como promotor al convencimiento.

4. Los equilibrios de la flexibilidad curricular. La anteriormente mencionada comprensión no es un asunto exclusivamente del estudiante, sino que el profesor debe asimilar la situación de cada persona que integra el grupo al cual orienta en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Dado que los aspectos del aprendizaje van más allá del aula, virtual o presencial, y considerando que los actores del proceso se adaptan a una condición de enseñanza remota, es pertinente que se apele a nuevas maneras curriculares, desde el uso sin abuso, desde el ser profesoral, sin el desconocer estudiantil.

Esto es propicio en los espacios sincrónicos a través de videoconferencias donde se precisan momentos y actividades de aprendizaje planificadas. Asimismo, es pertinente considerar en estas actividades que algunos estudiantes tienen computador e internet las 24 horas y otros no. Estrategias como privilegiar actividades del componente teórico de las asignaturas, mientras se concretan las posibilidades de los componentes prácticos o incluso desarrollar casos y situaciones que simulen las condiciones de los componentes prácticos (siempre concatenados con los conocimientos teóricos) son alternativas necesarias en el momento actual, que además ameritan un cuidado especial en cuanto a la evaluación de proceso de aprendizaje.

Todo esto amerita un equilibrio, un proceso sin saturaciones y excesos, de especial cuidado en la retroalimentación y ajuste constante, porque la situación es inédita, porque en estas condiciones lo planeado y validado se entrelaza con lo improvisad

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