Lo más destacado

Sitiarnos o educarnos. La educación a través de la Pandemia

Oscar Fernando Martínez Herrera – Docente Maestría en Memoria y Escenarios Transicionales realiza un análisis

Publicado el 15 de abril de 2020
Categorías:

Por Oscar Fernando Martínez Herrera – Docente Maestría en Memoria y Escenarios Transicionales [1] 

Las contingencias en la sociedad nunca han sido planeadas, a lo largo de la historia de la humanidad se han supeditado múltiples acontecimientos históricos que cambian el rumbo del mundo y que no responden a procesos de planificación previos. De allí emerge la idea de lo contingente, lo que no fue planeado, pero a lo que tenemos que dar una respuesta para poder sobrevivir.

La actual situación de la pandemia del covid 19, como muchas otras emergencias en la sociedad tiene esa característica, emerge en un momento en el cual nadie estaba preparado, pero en esta ocasión es un momento particular de la historia, un momento diferente, un momento en el cual todos parece tenemos más posibilidades de afrontamiento, puesto que todos parece estamos, como nunca antes, hiperconectados. Esto significa que, si bien el COVID-19 es una de las tantas pandemias que ha sufrido la humanidad, llega en un momento particular en el cual el mundo estaba reestructurado, resignificado y conectado a través de otros valores universales, otras formas de relacionamiento y de adaptación a las coyunturas.

Esta hiperconectividad que vivíamos antes del coronavirus, genera un efecto exponencial bastante particular en ciertos escenarios, entre los cuales se destaca el contexto educativo, en el cual muy rápidamente se intentó normalizar y racionalizar una situación que No necesariamente era normal, y cuya racionalidad apenas estamos descubriendo. La idea de una sociedad conectada y virtualizada daba la sensación de que rápidamente podríamos insertarnos en dinámicas de tele-trabajo y de tele-estudio a través de plataformas virtuales y digitales, situación que conllevaría rutinizar y estabilizar de forma cotidiana nuestras prácticas sociales y en particular nuestros ejercicios educativos. Con tan sólo unas semanas de aislamiento social, ya teníamos múltiples voces académicas e instituciones proliferando discursos que buscaban naturalizar la dinámica formativa, reemplazando de manera instrumental la presencialidad, por una mediación digital.

Este ha sido quizás uno de los retos y de las mayores dificultades en los procesos de adaptación de la actual contingencia el contexto educativo, el pensar y concebir que la mediación simplemente se deriva de una plataforma, y que la dinámica de enseñanza aprendizaje va a tener el mismo impacto y las mismas lógicas que tendría una educación virtual en tiempos “normales”. Pretendimos normalizar la contingencia y al hacerlo perder de fondo las posibilidades transformadoras del descubrir nuevos escenarios de interacción.

La educación siempre será un proceso dialéctico de transformación y redescubrimiento social, por lo tanto, una pandemia o una irrupción histórica particular, no es un fenómeno pasajero de inmediatismos mediáticos, que deba ser visto como el paso de una pantalla física a una pantalla virtual. Esta actual condición social en la cual está la humanidad, debe llevarnos al reflexionar sobre las características estructurales del modelo educativo que teníamos antes de la pandemia y el que queremos simplificar en medio de la misma, un modelo educativo que previamente ya nos estaba exigiendo construir lenguajes más inclusivos con las nuevas tecnologías, pero que fundamentalmente nos estaba implicando construir dinámicas de sensibilización social y humana mucho más asertivos con una sociedad cada vez más desnaturalizada de su condición sensible. Es innegable que estábamos en un momento en el cual crecían los niveles de apatía e indiferencia social por parte de estudiantes y maestros, y en el cual la escuela estaba en mora de proyectar procesos de formación menos cuantificados y más cualificados a las realidades de nuestra sociedad

No podríamos generalizar ni desconocer la importancia de procesos de transformación educativa que venían generando algunas sociedades o en su defecto algunas instituciones, no obstante, no se puede desconocer que era un tema reiterativo en el mundo de las ciencias sociales la crisis de construcción de sentido de humanidad colectivos y la pérdida de legitimidad que desde ciertos escenarios sociopolíticos de la educación. En múltiples escenarios la escuela se estaba convirtiendo en un reproductor de discursos convencionales y cuantitativos, perdiendo levemente su capacidad crítica y la sensibilidad social inherente a todo proceso de construcción de conocimiento, en algunos escenarios simplificábamos el proceso de enseñanza-aprendizaje a la radiotransmisión de un mensaje inocuo a un receptor aparentemente pasivo o exponencialmente lesivo, por lo cual la escuela no podría incitar, sensibilizar y mucho menos politizar la educación.

Esto si bien tendría múltiples interpelaciones que van desde el modelo educativo estandarizado o cuantificado, desde la ausencia de contenidos curriculares más contextualizados y adaptados a las realidades sociales de nuestras necesidades, o desde el simple desdén institucional que se le da al lugar de la educación en una sociedad en la cual se valora más un futbolista que un maestro, o donde comunica más un youtuber que un PHD en educación. Estas interpretaciones de la crisis educativa antes de la actual situación, hacen evidente la ruptura comunicativa intergeneracional entre el educador y el educando, una ruptura que nos hace entender que el lenguaje, no es un simple medio comunicativo o un código formalizado, es una intencionalidad social y una representación colectiva en transformación.

Hoy, en tiempos de pandemia, de normalizaciones estandarizadas, de indicadores inmediatistas de virtualidad, debemos hacer un alto en el camino sobre lo que era la educación antes de esta emergencia, de los vacíos, crisis o de las encrucijadas en las cuales estábamos situados o situados desde antes, en una sociedad que se negaba a reconocer la importancia dialéctica de la educación, como un mecanismo estructural de transformación social. Esta crisis biológica desde un virus que contuvo y paralizó al mundo, esta crisis social desde donde hemos visto la dolorosa desigualdad humana para enfrentarnos a dinámicas de supervivencia, y esta  crisis humana en la cual nos cuesta reconocernos desde las dificultades y preferimos banalizar el dolor ajeno, mientras superamos la emergencia; es indiscutiblemente una contingencia que nos debe permitir construir introspecciones axiológicas de fondo, en las cuales revisemos como sociedad como estábamos “educándonos” antes y ahora, y como debemos hacerlo, para que un virus como el covid-19 no pongan en un espejo lo que debimos trasformar como sociedad y aun no lo hemos hecho, pero que a razón de estos dilatados tiempos, aún  estamos a tiempo de hacerlo.

[1] Antropólogo, Magíster en Territorio, Conflicto y Cultura, candidato a Doctor en Ciencia Política.  Docente-universitario, miembro del Núcleo de estudios en Memoria y Paz de la Universidad Católica de Manizales. omartinez@ucm.edu.co

Etiquetas: ,

WhatsApp WhatsApp +57 3113477649