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Naturalmente educadores

Emprender el camino de licenciado en ciencias naturales y educación ambiental es abrir una ventana para aprender del mundo y en él, para sentir el océano de conocimiento y para respirar aire, luz y sabiduría.

Publicado el 26 de septiembre de 2015
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Correr descalzos por el pasto, recoger un pichón del piso o subirse a un árbol fueron momentos que marcaron, y aún marcan, la relación del ser humano con su entorno natural. De estas experiencias se aprendió a ser sensibles, delicados, ágiles. La naturaleza enseña, pero también hay que enseñar sobre ella. De eso se puede partir para hablar de educación ambiental, ese proceso que busca lograr una relación armónica entre el hombre y su entorno, no solo el natural en cuanto a plantas y animales, sino todo lo que le rodea, incluso las demás personas.

En ese sentido, se descubre cómo la educación ambiental tiene a todo el planeta por aula y profesor. De ahí, que una Licenciatura en Ciencias Naturales y Educación Ambiental deba estar pensada para crear formadores con la capacidad de imprimir esa importancia del cuidado y la preservación desde miradas como la biología, la ecología, e incluso la antropología, pues es un ser humano el que está en formación y debe ser consciente de su actuar.

Enseñar sobre las ciencias naturales no es un proceso lineal y que la naturaleza es en igual medida, la mejor profesora y el mejor laboratorio.

Por esa razón, Elsa Victoria Mazenett, coordinadora de la Licenciatura en Ciencias Naturales y Educación Ambiental de la Universidad Católica de Manizales, se dio a la tarea de investigar cómo se ven los docentes a sí mismos, cuáles son las imágenes que tienen de su actuar y qué piensan los licenciados en formación de su proceso. De aquí, surgió la investigación que hizo posible el libro “La formación de maestros, trazos desde la frontera de lo imaginario”, escrito en conjunto con colaboradores de la Universidad de Caldas, y a través del cual se percibe cómo el maestro se ve a sí mismo en el aula, para que luego él mismo se pregunte sobre su actuar en el aula abierta que es el mundo entero.

Así pues, esta docente, investigadora y amante de la naturaleza entiende que enseñar sobre las ciencias naturales no es un proceso lineal y que la naturaleza es en igual medida, la mejor profesora y el mejor laboratorio. Por eso, salir de esos imaginarios y ver el mundo con los ojos del niño que recoge el pichón, es la clave para preservar las relaciones entre todos y atesorar esas lecciones que marcan de por vida.

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Lea el libro: La formación de maestros: trazos desde la frontera de lo imaginario

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