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Arquitecto de tierra y guadua

José Fernando Muñoz, más conocido como ‘chepe’ entre sus amigos arquitectos, entre los que se destacan Simón Vélez y Marcelo Villegas, es un apasionado del tema del patrimonio de las arquitecturas en bahareque del Paisaje Cultural Cafetero de Colombia. Otro invitado de lujo de este Ágora Taller 2015.

Publicado el 17 de septiembre de 2015
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Su Máster en Arquitectura de la Universidad de Washington y sus 15 años de trabajo investigativo con elementos distintivos del territorio colombiano, fueron su puerta de entrada a un ejercicio colaborativo con Michele Paradiso, arquitecto de la Universidad de Florencia, Italia, sobre el redescubrimiento de la cultura técnica del bahareque. Su paso por el Ágora Taller, condensado en esta entrevista, deja hondas inquietudes sobre el papel del arquitecto contemporáneo y la importancia de poner los ojos adentro del cascarón.

UCM: ¿Por qué el bahareque?

José Fernando Muñoz: Esa pregunta es interesante porque nos lleva a pensar sobre el sentido de mirarse a uno mismo y dejar de poner tanta atención en lo que ocurre afuera. Este trabajo conjunto giró en torno a las arquitecturas del Paisaje Cultural Cafetero, territorio que en nuestra formación estaba olvidado y no existía ni siquiera como idea. Lo que hicimos Michele Paradiso y yo fue despegarnos de esta tradición académica de las universidades extranjeras y aventurarnos en esta visión interior y también en esta especie de redescubrimiento de la cultura técnica del bahareque.

UCM: En otros ámbitos, se dice que hablar o escribir sobre lo que está tan cercano resulta difícil. ¿Aplica esta afirmación en su ejercicio sobre el Paisaje Cultural Cafetero, entendiendo que usted es precisamente de por aquí?

J.F.M: Cuando empecé a escribir sobre este territorio, que también es mío, no solo conocí muchas cosas nuevas sino algo supremamente apasionante. También pude darme respuestas a muchos interrogantes sobre esta cultura técnica del bahareque. Tal vez, lo más difícil, ha sido llevar este lenguaje local a un contexto internacional; sin embargo, siento que esta decisión de poner los ojos adentro del cascarón sí valió la pena.

UCM: El componente social es bien importante en este trabajo colaborativo…

J.F.M: La arquitectura es del ser humano y lo que ocurre es que la arquitectura moderna creó una gran deshumanización al considerar las estructuras como lo más importante. Para humanizar hay que volver a teorías como el construccionismo y el diseño participativo, que tienen que ver con construcciones pensadas precisamente para quienes las habitan y que trascienden la figura del prepotente arquitecto.

UCM: ¿Qué es y cuáles son las virtudes del Bahareque Encementado?

J.F.M: Esto viene de un aplicado estudio de las arquitecturas históricas con todas sus bondades, pero también con una serie de problemas. Entonces, como norma de construcción contemporánea, el Bahareque Encementado adquiere nuevas condiciones de sismo resistencia; por eso ahora se convierte en ciencia y tecnología para la arquitectura y nos quita el vicio peligroso de la copia. Insisto en que la copia de lo histórico termina siendo un falso arquitectónico.

UCM: ¿Cuál es el vicio del arquitecto contemporáneo?

J.F.M: Que sigue siendo un arquitecto modernista y no contemporáneo. Todavía siguen arraigados los modelos estructurales y constructivos del siglo pasado. Por eso, lo primero es reconocerse en la complejidad de este siglo y en temas tan importantes como la etnoarquitectura.

 

 

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