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El encuentro con Francis Ford Coppola

El docente del programa de Publicidad, José Abel López Osorio, tuvo hondos aprendizajes durante su movilidad internacional en San Antonio de los Baños, Cuba. El encuentro con el seis veces ganador de los Oscar, Francis Ford Coppola, fue uno de ellos.

Publicado el 27 de julio de 2015
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Francis Ford Coppola, una de las personalidades vivas más importantes del cine, desciende de un aerovan con algunos de sus hijos y nietos. Al instante, se escucha la banda sonora de El Padrino por los parlantes de la escuela de cine. Entre la multitud está José Abel López Osorio, que también eleva sus ojos sobre otros ojos para saber que es cierto: Coppola camina, saluda y sonríe como un mortal, incluso más cercano y servicial que muchos de su especie.

José Abel, docente del programa de Publicidad de la Universidad Católica de Manizales -UCM- jamás se imaginó que su movilidad internacional a la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños le permitiría vivir este cuadro de película. Antes de su viaje, solo tenía el referente de las firmas que habían dejado para la posteridad grandes estrellas del cine en las paredes de esa escuela cubana; pero en ningún momento contempló la posibilidad de coincidir en tiempo y espacio con una de ellas.

Todo empezó en el segundo semestre de 2014, no solo cuando el Programa consolidó su apuesta por la movilidad de más docentes y estudiantes, sino cuando las ganas de conocer una de las fuentes esenciales de formación para cineastas, productores y guionistas, comenzaron a retumbar con fuerza en el corazón de José Abel.

Casi todas las intenciones de esta movilidad se cumplieron; como dejar la puerta abierta para futuras alianzas, traer de vuelta interesantes aportes frente al tema de la malla curricular y dejar sobre la mesa el sueño del currículo internacionalizado, que permitiría, entre otras cosas, la visita de profesores de alta factura. En el plano personal, todas las intenciones se cumplieron: expandir la conciencia, aportar a otros y valorar lo que se tiene pero también lo que se recibe en momentos específicos de la vida, se cuentan entre los buenos motivos de este viaje.

Además de todo aquello, José Abel también pudo descubrir valiosos detalles de la cultura cubana sin salir de los pasillos de la EICTV. “Algunos cubanos que conocí consideran que los colombianos somos muy ceremoniosos y muy Hello Kitty; es decir, un poco enredados y melosos; mientras que ellos son muy al pan, pan y al vino, vino, sin ser demasiado afectuosos. De otro lado, nuestro universo está más dotado de cosas, pero el error es que nos hemos olvidado de la esencia de la comunicación misma: escuchar y dialogar con el otro; esa es precisamente una de sus grandes fortalezas”, sostiene.

Encuentro con Coppola

Al segundo o tercer día de su viaje, José Abel tomó por chanza la advertencia que alguien le hizo sobre la inminente visita del seis veces ganador de los premios de la Academia, Francis Ford Copola. Por eso continuó con sus cosas sin percatarse de los preparativos y demás comentarios de pasillo, hasta el día en que lo vio descender del aerovan. En esta entrevista, el docente de Publicidad describe su momento con uno de los íconos vivientes del cine y las lecciones que este ser excepcional dejó para su vida.

 

UCM: ¿Quién es Coppola para la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV)?

José Abel López: primero debo decir que uno de los valores de la Escuela es que históricamente ha sido reconocida como el lugar que aloja a grandes personalidades del cine; una de ellas fue nuestro Nobel Gabriel García Márquez, quien orientaba la cátedra de guión. De hecho, gracias a él el cine latinoamericano tuvo un gran impulso. Al principio, yo tenía el referente de que allí había estado Georges Lucas, Coppola, Steven Spielberg, pero nunca me imaginé que vería a alguno de ellos en persona; sólo tenía la intención de ver sus firmas. Ya con esto sugiero cambiar la pregunta por ¿qué es San Antonio de los Baños para Coppola y otros grandes del cine?

UCM: ¿Cuáles fueron los prejuicios que desaparecieron cuando Coppola descendió con su familia del aerovan?

J.A.L: lo primero que hizo el señor después de bajarse del aerovan fue pedir aplausos para su familia, y esa ya era la primera razón para empezar a quererlo, no ya como estrella, sino como persona. La imagen de Coppola en la Escuela, volviendo a la primera pregunta, es la un hombre que de pronto llega con grandes provisiones de comida que él mismo prepara y comparte con todo el mundo; como si estuviera en su propia cocina.

UCM: después del emotivo recibimiento hubo un conversatorio que usted, por suerte, escuchó en primera fila. ¿Qué asuntos se pusieron sobre la mesa?

J.A.L: sus posturas frente al cine están lejos de aquellas que uno le asignaría a una personalidad tan legendaria, pero en realidad es alguien muy joven de pensamiento y muy conectado con las nuevas tendencias. De hecho, uno de sus nuevos proyectos es hacer cine en vivo. Se trata de un gran plató donde la historia se va contando sin vuelta atrás. También habló sobre la dirección de actores, de cómo llevarlos a ese desprendimiento para que se entreguen a la historia siendo plenamente personajes.

UCM: ¿qué le deja Coppola?

J.A.L: al siguiente día de la conferencia nos preparó una pasta deliciosa con ingredientes que él mismo trajo. Otro dato interesante es que, haciendo gestiones con la Aduana, logró entrar a Cuba 400 botellas de su última producción de vinos. Por fortuna, pude traerme uno para Colombia, firmado por él. Esto para decir que Francis Ford Coppola había llegado a Cuba para servir, no para ser admirado. Ese gesto fue una de las cosas más sensacionales de mi viaje.

UCM: ¿Qué le deja Cuba?

J.A.L: me deja la frase que reposa en la entrada de la Escuela, que dice más o menos así: “para que la utopía que no tiene lugar, tenga su lugar”.

 

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