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Visita de Solidaridad

Una comisión de la UCM visitó recientemente el Hogar Nuevo Despertar, en el marco de la Visita de Solidaridad que lidera la Unidad de Trabajo Social. Detrás de cada visita hay una historia para contar y otra para escuchar.

Publicado el 1 de septiembre de 2014
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Para conocer a los abuelos del Hogar Nuevo Despertar se requiere de una silla y de oídos muy atentos. Entonces comenzarán a contar sus cosas, interrumpidas por un bostezo, un dolor articular o algo en el aire que los distrae. Así ocurre con José Arcesio Hernández, uno de los residentes más queridos entre los líderes y voluntarios de la Escuela Universitaria de Liderazgo, adscrita a La Vicerrectoría de Bienestar Universitario y Desarrollo Humano Cristiano de la Universidad Católica de Manizales -UCM-

Este abuelo, de 82 años, fue uno de los primeros en salir a recibir a la delegación de la UCM que recientemente compartió una tarde con ellos para dar a conocer los pormenores de estas visitas de carácter social a los nuevos líderes y voluntarios, así como el perfil de los adultos mayores que allí son acogidos.

En el balcón del Hogar, José Arcesio comparte su rutina y la nostalgia que le produce no estar en la casita de Olivares donde podía cultivar y moler maíz. Escucharlo es una rica experiencia que experimentan a diario los líderes de Pastoral y Trabajo Social de la UCM cada vez que se desplazan a aquellos lugares donde se requiere compañía, caridad y desinterés.

Interpretar o cambiar sus palabras para ponerlas en esta nota de prensa no tiene sentido, por eso se reproducen de manera literal, a manera de relato testimonial, para dar cuenta del pensamiento de muchos adultos mayores que requieren de la solidaridad social para tener mejores condiciones de vida.

“José Arcesio Hernández Mejía, muy a sus órdenes.

Aquí me dan la comida y remedios pa’ cuando estoy enfermo. Un hijo que maneja taxi fue el que me trajo aquí, cómo le parece. Yo tengo una casita que queda de Olivares pa’ bajo, por la carretera que va pa’ Neira, al lado de una quebrada grandotota.

Usted ve un chorro que cae pa’ bajo y ahí pasando el portoncito vivía yo. Tengo ganas de irme pero no me han dejado, y eso me pone aburrido porque se está perdiendo la finquita y no hay quién la trabaje. Yo sembraba yuca, plátano, maíz y frijol. En una máquina molíamos el maíz y la pasábamos lo más de bueno.

Aquí me la paso contando carros y converso de vez en cuando con algunos. No me gusta pelear, como ese señor bajito de sombrero que ve allá. Ese mantiene agarrado con todo el mundo. Si de pronto escucha a una muchacha hablar, ahí mismo le dice: cállese boba.

A mí me dicen que no puedo salir que porque de pronto me coge un carro, pero yo les pongo cuidado y cuando el semáforo está en rojo ahí sí paso. Nací en septiembre del 32, haga la cuenta. De la vejez no pienso nada, lo importante es la salud y que se acuerden de uno de vez en cuando”.

En un país en el que culturalmente la población de adultos mayores entra a hacer parte de las poblaciones minoritarias y vulnerables, resulta ejemplar el trabajo que adelantan los líderes de la proyección social. Por ello se requiere el apoyo y la inscripción de más voluntarios para que instituciones como la UCM continúen en su propósito de aportar cosas positivas al entorno.